Verónica Miriel irrumpió en la escena española a los diecisiete años, convirtiéndose en un rostro familiar gracias a una icónica campaña publicitaria de los bombones Kiss Me de Nestlé. De la noche a la mañana, su imagen dominó vallas publicitarias por todo el país, abriéndole las puertas al vibrante y provocador mundo del cine del destape.
De musa a artista
Nacida en Chile, se estableció en la Barcelona postfranquista, haciéndose rápidamente un hueco entre la élite cultural del momento, llegando a formar parte del célebre séquito de Salvador Dalí, o convirtiéndose en musa de Revello del Toro.
Durante varios años, se dedicó al cine y al teatro, fue portada de revistas emblemáticas como Interviú, y protagonizó películas clásicas del cine español, como "Perros Callejeros". Sin embargo, en el apogeo de su carrera, desapareció abruptamente del mundo del espectáculo para marcharse a Latinoamérica.
Fue allí, mientras viajaba y vivía en países como El Salvador o Perú, donde descubrió su afinidad por la pintura, y donde encontró su propio estilo: una mezcla del colorido arte de las comunidades indígenas, y de un mundo de fantasía que es innegablemente suyo.
